La mato todos los días, y ella siempre renace entre los huecos que dejan mis descuidos. Se ríe de mi y baila y me señala y me arrastra hacia lugares que solo ella conoce, y en donde yo soy solo un extraño, un forastero que esta de paso y está perdido.
Entonces la mato por tratar de hacerme confesar lo inconfesable. La corto, la arranco de mi vida y la dejo por muerta abandonada en los baldiós de mi alma. Pero ella vuelve. Ella es la que siempre renace. Nueva cada vez, sin rencores ni culpas.
Y me busca, todos los días me busca. Y trata de penetrar la piedra. Y trata de desmoronar todo lo que con sangre sudor y lagrimas construí para mi. Para mi solo. Y para ella es un juego. Espera que la mate para poder volver, porque sabe que cada venida es una grieta. Una abertura cada vez más profunda y más dificil de rellenar. Un golpe a mis cimientos.
Y para ella es un juego.
Y, trístemente, para mi también.
H:M
1 comentario:
Matarla no sirve, porque ella renace siempre, el desafío es enfrentarla
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