
Justo como el día que me entere. A nadie le importaba un huevo. A mí me hervía la sangre. “¡Traición!” gritaban los glóbulos rojos. “¡Muerte al apostata ingrato!” coreaban los glóbulos blancos. “¡Queso!” aullaban las plaquetas, que son medio pelotudas. Y a mi me dolía el alma. Pero créeme, yo voy a hacer que te duela hasta el apellido.
LA PUTA QUE TE PARIÓ
h:M
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