lunes

ME TIEMBLA UN OJO








Me tiembla un ojo. No solo me late, lo cual no es tan increíble: me tiembla. Por momentos siento como si la pequeña esfera blanquecina tuviera frío, como si tiritara. Es mi ojo izquierdo. El derecho, en cambio, siempre se muestra impasible. Soporta estoico cualquier estimulo al que lo someta, por monstruoso y brutal que sea. Se podría decir que, pese a ser medio miope, es un ojo espartano. Pareciera que los temblores de mi débil ojo izquierdo son estremecimientos de pavor ante la fiereza del derecho. La verdad es que no se llevan bien. Usualmente me veo obligado a cerrar uno en una especie de mueca piratesca solo para que el otro funcione a medias. La consecuencia final de esto es una falta general de profundidad en mis juicios diarios, e incluso diría que también en mi vida. Esta superficialidad, según creo, se evidencia más que notoriamente en este mismo texto que yo estoy escribiendo y ustedes (o usted, si a esta altura ya se quedó solo) leyendo. Alegaran que es fácil encajarle la responsabilidad de mi trivialidad a mi fisiología, y tendrán razón. Así que disculpen las molestias, pero me tiembla un ojo.




H:M

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