
Tormenta
Noche rara esta en la que me metí. Y no se porqué. Todavía no puedo descifrarlo. Su verdadero significado escapa aún a la mano de mi mente.
Recapitulemos.
Llovía, o al menos creo que llovía cuando decidí salir de casa. Algo en el ambiente, en el cielo gris, en las ramas cargadas de gotas cargadas de nostalgia. Algo me llamó al movimiento. Me dijo firme, marcial: “Salí de acá. Alejate de tu sillón y tu ventana. Alejate de la computadora y el televisor. Alejate de tus libros. Fuera. Mojate. Viví”. Estas palabras, casi más oídas que sentidas, me recorrieron el cuerpo como una corriente, poniendo en marcha mis miembros, separando mi culo de la silla y mi cabeza de la habitación. Confusamente lúcido salí por la puerta. No le presté atención al ascensor: bajé los once pisos corriendo y emergí a la vereda como un buzo, como si fuera la primera vez en mucho tiempo que respirara verdaderamente. Me llené los pulmones con el aire electrificado de la tarde. Dejé que me electrificara a mi, y por un segundo quedé suspendido en el tiempo, levitando. Pude sentir todo lo que me rodeaba, los autos, los árboles, la gente. Los edificios con todas sus ventanas y cada ventana con su mundo interno. Todo llegó a la vez. Me di cuenta de que me había olvidado de la vida de los otros. Me había hundido en el egoísmo cómodo y miope de la clase media.
Estaba quieto y no me animaba a moverme. Temía volver a perder la conciencia. Tuve que juntar valor y fuerza para arrancar mis pies del suelo, como si súbitamente hubieran crecido raíces que se negaran a soltarme. Con el primer paso el cielo se vino abajo con todo, como si hasta ese momento se hubiera estado aguantando. La lluvia me cayó encima como un maremoto, como una catarata y yo, dejándome arrastrar, me perdí en las diagonales.
H:M
1 comentario:
Es un buen comienzo.Me cuesta trabajo no identificarme con todo ese asunto de caer en un estado en que apenas se es consciente del mundo. Debo suponer que habrá una segunda parte. Espero que llegue pronto.
Publicar un comentario