Separaciones /
Ambos lados del camino
En
un segundo dejé mi reflejo en la ventanilla trasera de un auto que apenas
llegue a esquivar, y mi sangre en el parabrisas del colectivo que venía detrás.
Nunca miro antes de cruzar.
Nunca miraba.
Mi miedo y mi sorpresa, todas las emociones y la
memoria, se fueron con aquel auto, acelerando a la vuelta de la esquina. Nos
separamos. Mi carne se la abandoné al rugido de los frenos y la bocina.
El cuerpo, por su lado, no se murió instantáneamente.
Pasó un par de meses vacío en un hospital, apagándose. Unos pocos lo lloraron
mucho.
El alma (alma, mente, esencia, espíritu ¿Fantasma? No
se como llamarlo. No se que soy) aún no se esfumó. Cambió un marco por otro. En
él nuevo sigo viajando, por suerte. Pienso estas cosas encerrado en la ventanilla de
un Renault 19.
Hache Eme

1 comentario:
Esto merece un comentario más largo del que yo pueda darle. Me gusta la descripción del momento del choque y el detalle al final, de la conciencia atrapada en el vidrio del auto. Me recuerda un poco a lo del seminario de Matelo, aquello de las metáforas que se vuelven literales.
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